Esqueletitos(primera parte)
Esqueletitos(primera parte)
I
Este cuento, no sé, si lo viví, soñé alguna noche, o aluciné al influjo de alguna sustancia sicotrópica. Hay hechos que parecen reales, pero otros, podrían ser el producto de una ficción.
El relato, me pareció digno de ser escrito, pues refiere a cosas tan comunes como convivir con la certeza que vamos a morir, como no saber si el hecho ha sido un sueño o quizás un deja vu.
Estaba en Roma y debía llegar a la ciudad de Pisa. Ariel, un viejo amigo, hacía años recorría Italia realizando cursos y talleres. En este caso, junto a Tina organizaban un encuentro de fin de semana, Laura oficiaba de anfitriona. Concurrirían personas de distintas zonas de Italia, algunas con experiencia en formación ludo pedagógica y otras por primera vez se vinculaban al tema.
“L epidemia del gioco” era el nombre del evento, donde el segundo día intervendría abordando la temática del juego y la muerte.
Tina, una siciliana que vivía en Roma, tenía mucho que ver con mi llegada a Italia. Eduardo, otro amigo, hilvanó la historia poniéndome en contacto con la siciliana, quien le había contado de su interés por traducir un libro, que quien esto escribe, había editado en la década de los noventa.
Tiempo después, Ariel le regaló otro texto escrito en 2019, el cual sería traducido al italiano. Así que en 2020 Tina generaba instancias de presentación, previas a la edición del libro, yo desarrollaba un taller donde vendíamos un avance del texto, que nunca cubría los gastos que Tina hacía.
Hasta aquí no tenía dudas, más allá de algunas percepciones subjetivas que me confundían, todo era real.
Es en Pisa que todo se vuelve caótico, Laura me esperaría en la terminal de trenes, pero no recuerdo que haya sido así. No sé si llegué en auto, si lo hice en ómnibus o fue en transporte aéreo.
De pronto, camino con Dino sobre un puente sobre el río Arno, su desplazamiento es rápido y cambiante, corta una flor y se la regala a un transeúnte, recoge frutos de un árbol, come alguno y el resto lo comparte. Camina como si estuviera a punto de atrapar un sueño y a los ochenta años proyecta un nuevo amor con una inocultable pasión por la vida.
En otro momento me encuentro en una tarde lluviosa, parado frente a la famosa torre, debajo de un paraguas junto a Tina, Dino, Livia y Laura, tratando de entender que hacemos en ese torrente de agua, mientras, el murmullo de turistas apaga nuestras voces.
Y de pronto aterrizo dentro de una iglesia, las personas van desfilando individualmente frente a la mirada de las imágenes religiosas que no pierden detalle del evento.
No podía ser real.
Los rostros desconocidos se mezclan con personajes de otros tiempos y los nombres deambulan en el olvido esperando que la memoria los rescate.
A la noche se desató una tormenta furiosa, dormía a un lado de la iglesia, en una casa antigua, con la inmensidad de cuartos, alacenas y otros espacios. Los truenos me despertaron y fui en busca del baño, no había dado más de cuatro pasos cuando me invadió la sensación de estar en un laberinto en el que me perdía, tenía miedo de despertar a los demás, así que anduve durante horas, a tientas, hasta que pude ver una luz encendida y caminé hacia allí.
De repente estaba en una cena, compartiendo ese ritual tan cuidado. La mesa larga, llena de comensales, la comida variada, no faltaban los verdes, los rojos, el tinto, el blanco, el primer plato, el segundo, las ensaladas y para el final el café, la tisana, algún licor y un chocolate.
Dos hechos no me resultan reales, el laberinto y mi presencia alrededor de una mesa por más de una hora.
Livia y verónica inician una canción que repiten hasta contagiar a todas, mientras el canto de los comensales se mezcla con la sonoridad de cubiertos, vasos y platos.
Mia nonna mi diceva di non sposare i rossi
perche sono dei golosi perche sono dei golosi
Mia nona mi diceva di non sposare i rossi
perche sono dei golosi e l”amore non sanno fare.
Lentamente se sumaban voces y nuevas cuartetas.
Me convencí por un momento que ciertamente había realizado ese taller, en tanto esa canción es parte del acervo musical de los tanos.
II
No lograba entender un diálogo en italiano y menos si italianas e italianos se enfrascaban en una discusión, “mama mía, niente”.
Había aprendido alguna palabra, pero no podía hilvanar una frase.
Para ajustar la actividad con la temática, dosificar ritmo y jugar con los climas, debía afinar los gestos y las palabras que la explicitaran para no quedar entrampado entre explicaciones, traducciones y debates,
Por momentos parecía verosímil, el tema del morir-me obsesiona y obraba como un desafío, nunca había realizado un taller ajustado a esa temática, lo más cercano había sido la participación en la conferencia taller “él juego y la transgresión a la muerte” de la primera bienal del juego organizada en agosto de 1994, treinta años atrás, por La Mancha.
Las dudas podían ser el producto de recuerdos de sueños perdidos, pero abonando la veracidad de la intervención, en mi biblioteca lucen algunos esqueletos que encontré en un recorrida con María y el Watu en Zaragoza. Recuerdo andar en las góndolas de aquella suerte de bazar, papelería, juguetería, ferretería, pinturería y otros rubros, propiedad de unos comerciantes de procedencia china. Maravillado me detuve frente a tanto objeto posible de transformar en juguete. Descubrí que la cercanía de Halloween ofertaba objetos como esqueletos pequeños y cráneos que me servirían para la construcción de un taller. Digo esto pues tengo grabado el momento de estar manipulando aquellos esqueletos, fascinado por su movilidad, cuando uno de los cuidadores del bazar me advirtió que no podía sacar de las cajas los objetos y respondí “me los llevo”, así fue.
III
Me parece ver un portón de reja de hierro, un pasillo con dos cuartos a los lados, un patio amplio, la iglesia, a su lado derecho, un salón amplio con una cocina al fondo y al final del pasillo un baño.
Un grupo de orientales, chinos, ingresan para un ritual religioso mientras los niños de la misma colectividad juegan en uno de los salones cerca de la entrada.
En otro momento veo un oficio religioso pero realizado en el patio, no hay imágenes religiosas solo sillas y un atril, el pastor Daniele lo conduce.
Para mi sorpresa encontré, en un bolsillo de un pantalón, un texto, de rima elegante, escrito por Elena, que dice lo siguiente:
Filo di lana
Un gioco, uno spasso
Che or or si dispana
Tra gente Gioconda
E non poco Balzana
Lo lancio, lo scambio
É una gimcana
Di gioia sorrisi
É una fiumana
Quindi ti prego
O filo di lana
Acceta da me
Quest umil peana
Ma porca puttana
Me l¨han calpestato
Il mio filo di lana
El texto no tiene referencia a fecha ni lugar así que pudo haber sido escrito en Pisa, pero también en Roma en Bologna, en Osnago, tal vez en Carrara, Beinasco, Ravena Napoli o en Cicagna, pero que era Italia no había dudas.